Después de todo, muy de cuando en cuando y sin sentar precedentes de ninguna clase, los acontecimientos no se tuercen y todo desemboca en un pequeño, pero deslumbrante, rayo de buena suerte. Probablemente, tentar a la suerte con cualquier tipo de celebración sea arriesgado pero, sin duda, es un derecho que nos hemos ganado después de unos años, por decirlo suavemente, duros. Y aunque sea una de las grandes tragedias de la vida, los cambios que se avecinan en nuestra vida sin duda se agradecen. Al menos tendremos la oportunidad de intentar hacer algo nuevo, algo bueno, de cometer nuestro propios errores y de buscar algo que se acerque a la felicidad con la tranquilidad, y también el miedo, de hacerlo juntos.
Al fin nos acercamos. De cuando en cuando la suerte aparece.
Al fin nos acercamos. De cuando en cuando la suerte aparece.
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